¿Cómo actuar ante las picaduras de insectos en bebés?

Empiezan con un leve enrojecimiento, después se manifiesta el picor y finalmente aparece la hinchazón: las picaduras de insectos en bebés motivan varios miles de consultas pediátricas al año. Aunque no representan una amenaza real en la mayoría de los casos, es importante saber diagnosticar y tratar estas lesiones cutáneas.

La barrera cutánea del recién nacido está en vías de desarrollo y se muestra reactiva a las picaduras de mosquitos, arañas y otros ‘enemigos’ del bienestar infantil. Sobre todo en verano, se recomienda elegir ropitas de manga larga, instalar mosquiteras y seguir otros consejos para prevenir las picaduras de mosquitos. Pero ¿cómo actuar cuando es demasiado tarde y el daño está hecho?

Limpiar la zona afectada por la picadura, determinar el tipo de insecto que ha podido causarla o aliviar síntomas como la picazón son pasos a seguir en el tratamiento para picaduras en niños y bebés. En este post, se repasan también las prácticas que desaconseja la pediatría moderna, como aplicar hielo local de forma directa o administrar antihistamínicos orales sin consultar al médico de cabecera.

Pasos para tratar las picaduras de insectos en bebés

Paso 1: limpiar y retirar los aguijones

Aunque las protestas del ‘peque’ puedan alarmar a sus progenitores, hay que mantener la calma en todo momento. Limpiar la zona con agua y jabón es una medida simple pero efectiva, siendo el primer paso para tratar una picadura de mosquito en bebés de 1 año.

Si el menor ha sido picado por una abeja, es posible que su aguijón permanezca aún en la piel. Unas pinzas esterilizadas u otro utensilio por el estilo servirán para retirarlo con suavidad. Por su parte, las garrapatas deben extraerse en su totalidad y desinfectar sus picaduras con alcohol u otro antiséptico.

Paso 2: identificar el tipo de picadura

La variedad de insectos que pueden infligir picaduras en niños es abrumadora. Identificar al responsable de esta lesión cutánea no siempre es fundamental, pero aporta una información valiosa para decidir el mejor tratamiento.

Los mosquitos producen habones rojos; las abejas y avispas, una inflamación mayor acompañada de dolor agudo, máxime si el insecto picó en repetidas ocasiones; las arañas dejan una ‘carta de presentación’ en forma de mancha rojiza con dos puntos centrales, y las garrapatas son inconfundibles porque quedan adheridas a la piel.

Paso 3: aplicar el tratamiento adecuado

Las mordeduras de araña requieren un tratamiento distinto a las de avispas, garrapatas o mosquitos. Estos últimos, por ejemplo, desencadenan picores e hinchazón que pueden mitigarse con la aplicación de una compresa fría o cremas de hidrocortisona. Las picaduras de abeja, en cambio, pueden paliarse con hielo envuelto en un paño a intervalos de diez minutos, tras haber retirado previamente los aguijones.

Además de realizar lo anterior, la hinchazón y el dolor moderado de una picadura de arácnido disminuyen con la elevación del brazo o pierna en cuestión. Respecto a la peligrosidad de su veneno, solo un pequeñísimo porcentaje de las 1.700 especies de araña de la Península son motivo de preocupación. En el caso de las garrapatas (y después de su extracción), debe ungirse la piel afectada con un antiséptico cutáneo y vigilar su evolución en los próximos días como parte del tratamiento para picaduras de insectos.

Paso 4: evitar malas prácticas

Calmar el picor con el rascado, la aplicación directa de hielo o la administración de antihistamínicos orales sin consultar antes al pediatra son malas prácticas a evitar. Cualquiera de ellas podría empeorar el estado de las picaduras de insectos en la piel de bebés.

Paso 5: aliviar el picor y el malestar

Pese a lo indicado en el cuarto paso, es natural que los padres deseen proporcionar a sus hijos un alivio sintomático tras sufrir una picadura. Hoy se comercializan lociones y cremas adaptadas a las pieles infantiles que pueden reducir la inflamación, el picor o las irritaciones. Están formuladas con calamina o hidrocortisona, medicamentos tópicos que se consideran seguros para este público. También conviene ser cauto durante los episodios de fiebre en bebés, guarden o no relación con una picadura.

A priori, las picaduras no deberían comprometer la salud de los más pequeños. Sin embargo, alrededor del 3% de nuestra población experimenta reacciones adversas ante este tipo de lesiones, según advierte la SEICAP.

Por consiguiente, si el recién nacido experimenta signos de urticaria, dificultades respiratorias o hinchazón en labios, garganta y otras zonas, debe buscarse atención médica con urgencia.

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