Ser madre es una de las experiencias más exigentes y desafiantes de la vida. Aunque conlleva una buena ración de esos momentos que llamamos mágicos, no faltan las crisis y situaciones que llevan al límite las capacidades físicas y emocionales. Como resultado, una parte de las progenitoras desarrolla burnout o agotamiento maternal.
El síndrome de burnout en madres está relacionado con la sobrecarga mental que sufren casi 8 de cada 10 usuarias en España, de acuerdo con un estudio de Make Mothers Matter (MMM). El concepto burnout surgió en la década de los setenta, fruto de las investigaciones del psicólogo estadounidense Herbert Freudenberger sobre el agotamiento extremo en centros médicos y otros entornos profesionales. Pero ¿con qué significado se aplica a la maternidad y qué síntomas presentan sus afectadas?
¿Qué es el ‘burnout’ maternal y cuáles son sus síntomas?
El burnout parental o maternal se define como un estado de cansancio y falta de energía crónica. Tanto física como mentalmente, la progenitora se siente desbordada por el ritmo y las continuas demandas de la parentalidad. Al principio se asocia con un agotamiento pasajero, pero su cronificación da lugar a pensamientos del tipo «estoy al límite», «no puedo más» y hasta «ser madre es horrible».
El síndrome de la madre quemada se caracteriza por la falta de energía y de vitalidad desde las primeras horas de la mañana. La imposibilidad de cargar las pilas da lugar a un cierto distanciamiento emocional con el bebé y un sentimiento de culpa y de incapacidad para el ‘puesto’. Una frase recurrente entonces es «no estoy hecha para ser madre». En este punto, la ilusión y felicidad iniciales de la maternidad se han visto opacadas por el estrés y la falta de bienestar.
Según un artículo difundido por la American Psychological Association (APA), «al igual que con el agotamiento laboral, los síntomas del agotamiento parental se acumulan; el agotamiento de la primera fase persiste a través del distanciamiento y la pérdida de satisfacción». Pero a diferencia de los empleados, «los padres no reciben vacaciones pagadas y no pueden abandonar sus responsabilidades para criar a otros hijos».
Aunque es normal sentir culpa como madre primeriza, no hay que resignarse. Superar estos y otros síntomas del burnout maternal es posible. No existen los remedios instantáneos y las fórmulas mágicas, pero sí una serie de consejos y estrategias capaces de recuperar el equilibrio emocional y disfrutar nuevamente de la crianza.
Cómo superar el síndrome de ‘burnout’ en madres
Aprender a delegar y apoyarse en terceros
Aunque las madres sean auténticas superheroínas, quitarse la capa en momentos puntuales puede ser altamente beneficioso. La corresponsabilidad, entendida como el reparto equitativo de las tareas parentales, es muy importante. Sin embargo, las progenitoras tienden a asumir un volumen de trabajo excesivo en el ámbito familiar. Aprender a delegar ciertas obligaciones (preparación de las comidas, esterilización de biberones, etc.) ayuda a disminuir el agotamiento por maternidad.
Organizarse y priorizar lo esencial
La organización permite mantener la calma y recuperar el control cuando las tareas se acumulan y el desgaste físico empieza a pasar factura. El objetivo no es tanto confeccionar un planning meticuloso como priorizar lo esencial y aplazar lo secundario. Aunque todo parece ser importante en un principio, la alimentación, la higiene, el descanso o las citas médicas son primordiales, no así el planchado de la ropa, la recogida de juguetes y otras acciones cotidianas.
Recibir ayuda especializada
El impacto del burnout maternal puede generar, en casos severos, desde insomnio y cefalea tensional hasta trastornos del estado de ánimo. Dado que los efectos de este síndrome son perjudiciales para la salud, contratar la ayuda de especialistas en puericultura y crianza es una decisión inteligente. Las cuidadoras de bebés a domicilio son enfermeras pediátricas que intervienen en la nutrición, el sueño y otras labores cruciales, generalmente en horario nocturno, aliviando la carga de obligaciones de las madres más sufridas.
Decir «no» ayuda a liberar estrés
La autoexigencia de una parte de las progenitoras ha convertido la palabra «no» en una de las más difíciles de pronunciar. Sin embargo, se trata de un recurso valioso para garantizar la conciliación familiar y laboral y establecer límites tanto a la pareja como a la red de apoyo.