Los bebés y niños pequeños sufren una media de 6 a 8 resfriados a lo largo del año, según datos de Mayo Clinic, la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas (SEUP) y otros referentes en pediatría. Generalmente, esta enfermedad vírica es inofensiva para la salud humana, pero en un colectivo tan vulnerable como los neonatos pueden surgir complicaciones que pongan en riesgo su vida. En caso de diagnosticarse un bebé recién nacido con resfriado, ¿qué hago exactamente?
Los progenitores deben abordar los resfriados en recién nacidos siguiendo las pautas y recomendaciones de su médico de cabecera. En casa, pueden adoptarse medidas simples pero efectivas (despejar las vías aéreas, promover la ingesta de líquidos, etcétera) que han demostrado aliviar los síntomas de esta infección, aumentar el bienestar del ‘peque’ y acelerar su proceso de recuperación.
Breve definición y síntomas de un resfriado en bebés
El resfriado común es una enfermedad viral que afecta a las vías respiratorias de la persona. Se prolonga durante diez días aprox. y no existe una cura conocida. El organismo del paciente debe combatir la infección por sí mismo y mitigar sus efectos con ayuda de fármacos y cuidados domésticos de eficacia demostrada.
Durante el primer año de vida, se es más propenso a contraer resfriados porque el sistema inmunitario comienza a desarrollarse y las personas del entorno familiar (adultos y niños mayores, principalmente) actúan como transmisores involuntarios del catarro. Por si fuera poco, su sintomatología es más molesta y perjudicial en la infancia temprana, por la estrechez de los conductos nasales y orales o la mayor dificultad para regular la temperatura corporal.
En concreto, los síntomas del resfriado en un recién nacido incluyen tos y estornudos en forma ligera, irritabilidad, fiebre suave, congestión de las mucosas, secreciones nasales de color amarillo o verde y problemas leves para alimentarse con normalidad.
¿En qué consiste el tratamiento para el resfriado en bebés?
Los resfriados en neonatos no precisan un tratamiento específico, sino un conjunto de medidas destinadas a frenar el avance de la infección y ofrecer un alivio sintomático. Por un lado, la deshidratación es una amenaza común en lactantes, de modo que es importante mantener la ingesta habitual de líquidos y permanecer atento a la sequedad bucal, los cambios en el estado anímico y otras señales de alarma.
Hasta los tres o seis meses de vida, los bebés dependen de las fosas nasales para respirar, y por ello la obstrucción de la nariz —un riesgo elevado en edades tan tempranas— conlleva una mayor peligrosidad: molestias respiratorias, rechazo de alimentos, etcétera.
Por consiguiente, son recomendables los lavados nasales antes de la hora de dormir y de comer, esto es, el uso de perillas de goma, ampollas de suero fisiológico y otros productos afines para eliminar el exceso de mucosidad y liberar las vías aéreas. Con ello, se suple la imposibilidad del bebé para sonarse la nariz por sí mismo.
Dado que la congestión nasal complica la respiración al comer, una duda frecuente entre los papás y mamás primerizas es: «mi bebé tiene tos y mocos, ¿qué le puedo dar?». En estos casos, los pediatras aconsejan adaptar la alimentación y hacer que las comidas sean más pequeñas y frecuentes, por supuesto sin forzar al recién nacido a comer.
Optimizar la calidad del aire también es beneficioso para el descanso de los ‘peques’. Para lograrlo, instalar humidificadores de aire caliente reduce la sequedad del ambiente. Mantener una cierta humedad en la habitación del bebé puede diluir las mucosas y mejorar su respiración. Sin lugar a dudas, otra medida útil en tratamientos para el resfriado en bebés y niños pequeños.
Por lo general, debe evitarse suministrar medicamentos de venta libre al bebé, descartando por completo el uso de antibióticos contra el virus (un mito bastante extendido). Los antitérmicos para bajar la fiebre, en cambio, son bienvenidos para aliviar el malestar del bebé, a condición de que previamente se consulte al médico o pediatra de confianza.
Por seguridad, al menor síntoma de resfriado en bebés de 1 mes o edad inferior, se le debe procurar atención médica de inmediato por la fragilidad de sus defensas inmunológicas. Esta precaución permite descartar, además, la existencia de neumonía u otras enfermedades graves.