Caries en la primera infancia, ¿es posible? Más del 70% de los menores de seis años presentan esta afección oral, según una investigación de la Policlínica Universitaria CEU San Pablo, lo que demuestra que la higiene bucal del bebé empieza durante la lactancia, mucho antes de que sus destrezas motoras le permitan usar un cepillo dental.
Que los dientes de leche sean temporales no significa que la salud dental pueda postergarse hasta los 5 o 6 años. Esta creencia errónea ha sido fuertemente criticada por la comunidad odontopediátrica, que recomienda adoptar una rutina de higiene oral desde el nacimiento y efectuar la primera revisión dental hacia la mitad del primer año.
En este post se abordan una serie de dudas frecuentes sobre el cuidado de los dientes en bebés, las malas prácticas y los peligros de subestimar este hábito saludable.
6 preguntas y respuestas sobre higiene bucal en bebés
¿Cuándo empezar con la higiene oral?
La necesidad de limpiar la boca del recién nacido surge con las primeras tomas del pecho. Sucede que la lactosa y otros azúcares presentes en la leche propician la acumulación de bacterias en las encías, favoreciendo así la caries de la infancia temprana (CIT).
Antes de iniciar la alimentación complementaria, la higiene oral en lactantes se reduce a eliminar los residuos de la leche, idealmente después de lactar o de darle el biberón. Lo recomendable es hacerlo una vez al día como mínimo.
A partir del sexto mes, cuando salen los primeros dientes de leche, la limpieza se realiza ya con un cepillo adaptado a su edad. La tarea del cepillado —dos veces al día— es responsabilidad de los progenitores, cuidadores u otros adultos, no debiendo confiarse aún al niño.
¿Cómo realizar la limpieza bucodental?
La limpieza de la cavidad oral del bebé se realizará envolviendo el índice en una gasa previamente esterilizada, a temperatura ambiente y algo húmeda. Se deslizará después por el paladar, las encías y los dientes del pequeño con movimientos suaves y circulares.
Por su parte, el cepillado se efectuará también con suavidad en encías y dientes. Sentar al niño en el regazo y colocarse frente a un espejo puede facilitar esta labor. Cabe destacar que saber cómo lavar los dientes a un bebé minimiza el riesgo de dañar las mucosas y ocasionarle un malestar innecesario.
¿Qué cepillo y pasta dentífrica elegir?
Un cepillo de cerdas suaves y puntas redondeadas, específico para el lactante si fuera el caso, es fundamental para prevenir la mala higiene bucal en bebés. Dr. Brown’s, Colgate y otras marcas de prestigio diseñan modelos adaptados a niños pequeños.
A la hora de elegir la pasta dentífrica, debe prestarse atención a la cantidad de flúor con que esté formulada. Una baja concentración (1000 ppm) está indicada para menores de tres años, mientras que una concentración superior (1500 ppm) es adecuada solo para niños de más edad. Respecto al uso de colutorios y productos similares, deben evitarse hasta los seis años por su toxicidad y riesgo de ingestión accidental.
¿Cómo vencer el rechazo al cepillado?
La higiene dental es divertida en un principio, pero la obligación que entraña puede generar rechazo en los peques más rebeldes, sobre todo a partir de los «terribles dos». La ludificación es sin duda un remedio eficaz durante estos difíciles años. Se trata de convertir el cepillado en un juego por medio de recompensas y objetivos (dar su merecido a los villanos del azúcar y otros enfoques similares).
No obstante, una resistencia excesiva puede requerir ayuda profesional, pues ceder a las protestas y berrinches del niño no es una opción. Incluso cuando este se alimenta exclusivamente con leche materna, existe el riesgo de que la placa y las bacterias se acumulen en sus dientes temporales, perjudicando a los definitivos.
¿Cuándo visitar al odontólogo por primera vez?
Para todo hay una primera vez, y con la revisión dental sucede lo mismo. «Se aconseja que la primera visita al odontopediatra sea al año del niño para establecer un hogar dental», señalan desde la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP), dictamen que coincide con otras voces especializadas. Estos chequeos anuales o bianuales revisten importancia porque ayudan al diagnóstico precoz de caries, malformaciones y otros problemas, además de comprobar el estado de la higiene bucal infantil.
¿Qué otras precauciones tomar?
Degustar la papilla para comprobar su temperatura o enfriarla soplando antes de ofrecer la cucharada al bebé es un gesto corriente. Sin embargo, los pediatras de hoy desaconsejan esta práctica. ¿Por qué? Los virus y bacterias de los progenitores podrían contaminar el alimento infantil y afectar a la todavía inmadura flora bacteriana del niño, cuyo sistema inmunitario tampoco está desarrollado del todo.
Seguir estos consejos permite no solo preservar la salud oral del menor, sino también introducirlo en uno de los hábitos más saludables. Como recuerda la Asociación Española de Pediatría (AEP), «al habituar al niño a una correcta limpieza dental suave y a pasar el hilo dental, se creará un patrón de cuidados bucales que lo acompañará durante el resto de su vida».