El sueño desempeña un papel fundamental en el desarrollo físico, cognitivo y neurológico de los bebés. Por eso duermen de 13 a 15 horas diarias durante el primer año de vida. Aunque dormir profundamente y de un tirón, ya es otro cantar. Los berrinches y despertares nocturnos son moneda corriente hasta que el recién nacido se habitúa a dormir en su cuna, para lo cual las rutinas, una postura correcta o las nuevas tecnologías son aliadas, según los expertos en pediatría.
La cuestión de cómo dormir a un recién nacido en la cuna trae de cabeza a todos los progenitores en algún momento de su paternidad. Sucede que la superficie plana y artificial del lecho es muy diferente al útero o los brazos maternos, extrañeza que aumenta la inseguridad del menor y provoca su rechazo inicial.
Para vencer esta resistencia y lograr que el bebé concilie el sueño en su cuna, es preciso armarse de paciencia y poner en práctica una serie de recomendaciones y estrategias avaladas por la experiencia, que detallamos en este post. Contratar a un coach de sueño infantil también ayuda a descubrir los patrones de sueño y otros conocimientos útiles para que el ‘peque’ duerma como un campeón.
4 claves para dormir a un recién nacido en la cuna
Establecer una rutina de sueño
«Mi bebé recién nacido no duerme en la cuna» es una queja compartida por millones de padres y madres. Se estima que los ritmos circadianos no maduran completamente hasta la decimosexta semana de vida. Esta realidad biológica explica los desvelos nocturnos, por la dificultad del bebé para sincronizarse con el horario de los adultos.
Pese a ello, establecer una rutina de sueño es clave, por la influencia positiva de los horarios en la relajación y la predisposición a dormir del recién nacido. La ausencia de estímulos a medida que se aproxima la hora fijada o el tipo de actividades que la precede (el baño, la canción de cuna, etcétera) hacen que su organismo asocie este momento con el sueño. ¿El resultado? Un estado de calma y somnolencia que induce al bebé a dormirse por sí mismo.
Adoptar una postura segura y eficaz
Siempre boca arriba y en un colchón plano y despejado de objetos: tal es la postura para dormir a un bebé recién nacido que aconseja la pediatría moderna. Se ha demostrado que la posición decúbito supino impide el bloqueo de las vías respiratorias y reduce el riesgo de muerte súbita en los lactantes.
A partir de los 4 o 6 meses de edad, cuando el bebé se voltea por sí mismo durante el sueño, no es preciso corregir su posición; hasta entonces, es altamente recomendable hacerlo por motivos de salud.
Acompañarlo en sus siestas diurnas y nocturnas
A menudo se duermen solos, como por arte de magia. Pero en general necesitan que se les acompañe en los primeros compases del sueño. Es un proceso gradual que puede agilizarse colocando la cama de matrimonio junto a la cuna, de forma que el recién nacido escuche y visualice a sus padres en todo momento. Incluso entonces, saber cómo acostumbrar a un recién nacido a dormir en la cuna es cuestión de paciencia.
Salvo que se apliquen enfoques alternativos (por ejemplo, el método Estivill), hay que responder al llanto del bebé y calmarlo con palabras y caricias tranquilizadoras, primero en la misma cuna y después, si no da resultado, tomándolo en brazos. El objetivo es demostrarle que dormir en la cuna no significa hacerlo lejos de la protección materna.
Aprovechar las nuevas tecnologías
El boom tecnológico está revolucionando el mundo de la puericultura. Determinadas apps para móviles (Napper, Dormus o Huckleberry) hacen que dormir a un recién nacido en la cuna sea coser y cantar, o casi, gracias a sus planes de sueño y sus funciones de seguimiento y monitoreo en tiempo real. Estas herramientas ofrecen indicaciones precisas sobre la hora ideal para acostar al pequeño o un registro detallado de sus patrones de sueño.
Más futuristas aún son las cunas inteligentes, un dispositivo que incorpora sensores y emisores de luz y de sonido que contribuyen a crear una atmósfera perfecta para caer en los brazos de Morfeo. Por ejemplo, ciertos modelos se balancean suavemente, imitando así los movimientos de la madre cuando acuna a su hijo, o generan un ruido blanco que reproduce los sonidos intrauterinos.