Tararearles una canción, animarles a buscar un objeto o agitar un sonajero fuera de su campo visual influye en el desarrollo psicomotor de los bebés más de lo que imaginamos. El cerebro infantil busca estímulos sin parar y privarle de ellos supone un freno a su aprendizaje. Por eso, la pediatría moderna considera que la estimulación temprana de 0 a 3 meses y en otros rangos de edad es una herramienta clave, algo así como la primera ‘escuela’ del ser humano.
7 de cada 10 niños que reciben atención temprana presentan un mayor potencial cognitivo, según un estudio publicado en la revista Ciencia Latina. A esta conclusión han llegado los investigadores del Instituto Superior Tecnológico San Gabriel (ISTSGA), lo que subraya el valor de las guías de estimulación temprana en el aprendizaje durante la primera infancia.
No es un concepto nuevo, en realidad. La estimulación temprana, o early childhood intervention, se fraguó en los años cincuenta gracias a las investigaciones de René Spitz, Jean Piaget o Glenn Doman. Este último, fisioterapeuta de profesión, dio un impulso decisivo a este campo de estudio con su obra Cómo enseñar a leer a su bebé (1964).
Estimulación temprana para bebés: ¿qué es y para qué sirve?
La atención, educación o estimulación temprana engloba una serie de juegos y ejercicios destinados a incentivar el desarrollo físico, social y emocional del bebé. Comienza desde su nacimiento y finaliza a la edad de seis años, momento en que su plasticidad cerebral decae y es menos receptivo al aprendizaje de nuevas destrezas y conocimientos.
Un vistazo a sus múltiples beneficios revela la importancia de la estimulación temprana para el recién nacido. Para el desarrollo cerebral, por ejemplo, incluso el memorama o el rompecabezas más elemental puede potenciar la memoria, el razonamiento lógico o la capacidad de atención.
Se estima que 9 de cada 10 bebés pronuncian sus primeras palabras hacia el noveno mes de vida, pero ciertos individuos muestran una precocidad asombrosa, fruto de una correcta estimulación comunicativa. Las canciones y los juegos simbólicos ayudan a convertir los primeros balbuceos en palabras y frases que cimentarán su lenguaje.
A través de actividades simples como gatear, pintar o manipular objetos, la atención temprana favorece el control del cuerpo, la precisión en los movimientos y el sentido del equilibrio, permitiendo estimular el desarrollo motor en niños pequeños.
Promover el autoconocimiento, la socialización y la confianza en sí mismo es otro objetivo central de los programas de estimulación temprana de 0 a 3 años. Determinados juegos y ejercicios (abrazos musicales, karaoke, etcétera) propician la interacción con otros niños y adultos y crean vínculos altamente positivos.
Con estas actividades se pretende, por último, identificar posibles retrasos o dificultades en la movilidad, la percepción sensorial o las destrezas verbales del recién nacido.
De 0 a 6 años: actividades de estimulación temprana que funcionan
Los pediatras y expertos en atención temprana insisten en la necesidad de adaptar estos ejercicios a la etapa de desarrollo del niño. Hasta los seis meses de vida, hay que promover el seguimiento visual con ayuda de juguetes y objetos de colores vivos. Animarle a localizar la procedencia de un sonido (un sonajero, la propia voz, etc.) también mejora su capacidad para procesar y reaccionar a las señales acústicas. De igual forma, manipular objetos con texturas y relieves o gatear por superficies de césped, arena, etc., fomenta la exploración y el sentido del tacto.
El tiempo boca abajo o tummy time es otra práctica recomendada en las guías de estimulación temprana para padres. Esta suerte de ‘gimnasia’ neonatal consiste en posicionar al bebé en decúbito prono durante un corto periodo de tiempo, con el fin de fortalecer la musculatura del cuello y la espalda y de prevenir tortícolis y deformidades craneales.
A partir del primer año, puede elevarse la complejidad de los ejercicios de estimulación temprana para bebés: clasificar objetos por formas y colores, pintar con los dedos, reproducir sonidos de animales («la vaca hace muu») o entonar canciones para mejorar la conciencia fonológica, entre otros.
Para ahondar más en estas técnicas educativas, se recomienda consultar libros sobre estimulación temprana como Bebés creativos (Galia Sefchovich, 2004), Cómo multiplicar la inteligencia de su bebé (Glenn Doman y Janet Doman, 1983) o Estimulación temprana (Liliana Stein, 2006).
Tampoco está de más asistir a cursos relacionados en un centro de estimulación temprana en Madrid. Hoy más que nunca, todos los progenitores pueden aprender lo necesario para despertar las habilidades motrices, cognoscitivas y emocionales de su bebé.